Cierto autor italiano se maravilla de lo acontecido recientemente en tan poco tiempo. Es como si ya lo hubiéramos visto todo, insiste. Un perro en la luna, un robot con ruedas en marte, explosiones en Nueva York, Londres y Madrid y no sólo en Kabul y Bagdad, etc. Concluye con ironía que ya para el próximo año no veremos nada nuevo. El mundo se repetirá como se repite una serie televisiva. Hasta el exterminio nos parecerá un espectáculo aburrido.
En la realidad líquida que nos toca vivir no podemos olvidar de mantener los ojos y oídos abiertos a lo que acontece en torno a nosotros, bajo la superficie, tras las palabras dichas o publicadas. Al acercarse la Navidad no podemos olvidar que el nacimiento de Jesús ocurrió sin que nadie se diera cuenta de su significado. No fue hasta mucho más tarde que algunos comenzaron a reflexionar sobre su importancia. Con excepción de unos pobres que vieron y oyeron.
Dios sigue con nosotros, entre nosotros. El sentido de maravillarse que brota de un alma enamorada del amor nos conducirá a ver y a oir las maravillas que acontecen diariamente entre nosotros. Y quizás deberíamos desarrollar ese tipo de humildad que no se deja seducir por la autosuficiencia o por el sensacionalismo de fuentes periodísticas.
Son estos también signos de la presencia del reinar de Dios, lecciones tomadas de la preparación para la Navidad.
Félix E. Catalá, C.Ss.R.
Centro Espiritualidad Redentorista