Miércoles, Enero 17, 2007
Rey, profeta, sacerdote. Se discute mucho sobre la administración (rey), el culto y la religión (sacerdote) en la vida religiosa y en la Iglesia. Pero el corazón de la fe no es la Institución. Con esto no se quiere negar o quitarle importancia a la Iglesia como Institucion. A veces se tiene la impresion, sin embargo, que algunos tratan de reorganizar las sillas del Titanic. Lo que me parece que falta en la Iglesia hoy es la voz profética.
¿Qué es un profeta? ¿En qué consiste su vocación? Los miembros de Institutos Religiosos debemos pensar seriamente sobre estos asuntos. Con todo, la vida religiosa, aunque es parte de la Institución, surge bajo el impulso del Espíritu como dimensión carismática de la Iglesia en el mundo.
En las religiones, como también en el mundo secular, el profeta debe desarrollar una visión contemplativa de la vida que le hace posible “ver” a través de, sobre, por debajo de y entre los detalles para descubrir el impulso de Vida que promete un futuro nuevo donde las cosas están “como Dios manda”. Para nosotros los cristianos el profeta busca discernir la voluntad de Dios, el proyecto del Reino de Dios aquí y ahora. Y lo proclama sin temor, desarmando la retórica y la ambigüedad del discurso. Toma riesgos y literalmente se vacía de sí mismo por aquello que no es todavía una realidad. Amor y Justicia son dos llaves importantes del profeta en la tradición cristiana.
Sin embargo, también hay falsos profetas. ¿Quiénes son los verdaderos profetas hoy? Aquí entra el discernimiento hecho en común unidad (comunidad).
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Escrito por Félix
Domingo, Diciembre 17, 2006
Recientemente leía lo siguiente: Las cosas suceden. Te pasas hipotizando sobre la vida y la vida, mientras tanto, acontece. Una frase interesante. Me recuerda la canción Me olvidé de vivir. Sí, es un hecho que no podemos controlar u orientar todo lo que acontece, pero ciertamente podemos hacer mucho por mejorar la vida – y no solamente e beneficio de uno mismo. Sí, vale la pena vivir.
Nos acercamos a las celebraciones de la Navidad. Dios nos dice, en este camino, que somos importantes para èl. San Alfonso insistía que Dios está enamorado de nosotros – este es el significado de la Encarnación, que Dios nos quiso mostrar y darnos todo su amor – y quiere que experimentemos su amor para que vivamos plenamente. El que experimenta ese amor no podrá contenerse, querrá conducir a otros a conocer ese amor: acontece el Reino de Dios, el reinar de Dios, en el amor real, vivido, entregado, por amor.
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Escrito por Félix
Lunes, Diciembre 11, 2006
Cierto autor italiano se maravilla de lo acontecido recientemente en tan poco tiempo. Es como si ya lo hubiéramos visto todo, insiste. Un perro en la luna, un robot con ruedas en marte, explosiones en Nueva York, Londres y Madrid y no sólo en Kabul y Bagdad, etc. Concluye con ironía que ya para el próximo año no veremos nada nuevo. El mundo se repetirá como se repite una serie televisiva. Hasta el exterminio nos parecerá un espectáculo aburrido.
En la realidad líquida que nos toca vivir no podemos olvidar de mantener los ojos y oídos abiertos a lo que acontece en torno a nosotros, bajo la superficie, tras las palabras dichas o publicadas. Al acercarse la Navidad no podemos olvidar que el nacimiento de Jesús ocurrió sin que nadie se diera cuenta de su significado. No fue hasta mucho más tarde que algunos comenzaron a reflexionar sobre su importancia. Con excepción de unos pobres que vieron y oyeron.
Dios sigue con nosotros, entre nosotros. El sentido de maravillarse que brota de un alma enamorada del amor nos conducirá a ver y a oir las maravillas que acontecen diariamente entre nosotros. Y quizás deberíamos desarrollar ese tipo de humildad que no se deja seducir por la autosuficiencia o por el sensacionalismo de fuentes periodísticas.
Son estos también signos de la presencia del reinar de Dios, lecciones tomadas de la preparación para la Navidad.
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Escrito por Félix
Martes, Diciembre 5, 2006
En los evangelios encontramos a Jesús entre los pobres, los rechazados, entre los del nivel más bajo de la sociedad. Se mueve entre ellos con familiaridad y ellos se sienten a gusto con él. Ellos se dan cuenta de que él se preocupa sinceramente por ellos, que está con ellos.
Recordamos en la liturgia hoy aquel momento privilegiado que nos narra Lucas, cuando Jesús reza espontáneamente a Dios, Padre: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Jesús encuentra la sabiduria de Dios entre los humildes. Les dedica tiempo, comparte con ellos y les ofrece su mensaje de redención.
El texto del evangelio de la liturgia de mañana (6 de diciembre) añade otros signos de la presencia amorosa y liberadora de Dios. Es el conocido texto de la sanación de muchos enfermos y de la multiplicación de los panes y peces (en Mateo 15). Mucha gente acudió a él para llevarle amigos y familiares enfermos. Los mudos hablan, los lisiados se sanan, los tullidos caminan, los ciegos ven. Entonces Jesús muestra gran preocupación porque eran ya tres días que estaban con él y no habían comido bien. ¡Jesús no podía despedirles hambrientos!
¿Que nos está revelando Dios sobre sí mismo en todo esto?
Es significativo tomar en cuenta que estos enfermos sufrían más allá de su condición física. Eran excluídos de la organización social y del mismo Templo – la “casa” de Dios y centro social del pueblo. (Ver, por ejemplo, la situación del mendigo paralítico en Hechos 3, a quien no le era permitido entrar al Templo.) Sin embargo, vienen a Jesús con facilidad y se presentan ante él como quien visita a un amigo. Comienzan a descubrir que Dios les ama de modo especial. Caen muros y son congregados en un nuevo modo de ser pueblo en torno a Jesús. No sólo son acogidos sino que también se reconocen valiosos ante los ojos de Dios. No sólo descubren que se satisfacen sus necesidades sino que también, en este nuevo modo de ser pueblo del Dios de Jesús, a nadie le falta lo necesairo y aún sobra, ¡cuando se comparte como Dios comparte!
Estos también son aspectos fundamentales de Eucaristía.
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Escrito por Félix
Lunes, Diciembre 4, 2006
Durante esta primera semana de Adviento las lecturas de la liturgia nos presentan signos de la presencia del Reino de Dios. Hoy encontramos a Jesús que sana el sirviente de un soldado romano. El enfermo era paralítico y sufría mucho. La fe del soldado, pagano y extranjero, fue tal que conmovió a Jesús: sana al sirviente enfermo. Jesús va más allá de las fronteras establecidas por la religión y el estado, dispuesto aún a visitar la casa del soldado romano. Hay algo más en el texto. Es importante reconocer que la enfermedad puede ser un peso y un límite en la relación entre la gente.
La sanación que realiza Jesús rompe varias fronteras. Se transforman las relaciones. ¡Vemos en este texto la manifestación del reinar de Dios en acción! ¡El reino de Dios se está estableciendo en la historia!
¿Cómo compara nuestra fe con la del soldado romano? ¿Qué señales realizamos nosotros como Iglesia, como comunidades, que muestran que Dios continúa la realización del Reino a través de nosotros?
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Escrito por Félix
Domingo, Diciembre 3, 2006
El salmo responsorial [24 (25)] clama: Señor, enséñame tus caminos. La temporada de adviento (Ciclo C) nos conduce a una más estrecha relación con el Dios que se revela en la historia.
El sistema socio-económico que impera en tantas partes del mundo pretende hacernos pensar que el individuo es supremo (y no sin intereses). El individualismo extremo es la orden del día en tantas comunidades y naciones. Tal situación ha producido manifestaciones religiosas que se centran en el individuo a tal punto que no queda espacio para el otro / la otra. El consumidor lo es también en el campo de la religión. Hay tantas sectas, movimientos, etc., cuanto el mercado religioso cree necesario para satisfacer las necesidades de individuos.
Sin embargo, los caminos de Dios son tan diferentes. El se da a conocer en la historia como el Padre de todos y Señor de la Justicia, de la Misericordia y del Amor. El quiere que todos – y no solamente algunos – sean felices y está dispuesto a perdonar todo con tal de transformar la realidad para el beneficio de todos. En su amor las relaciones se hacen nuevas: un mundo de solidaridad y justicia. Desde el Éxodo hasta Jesús su proyecto fue reconocido como uno de liberación – del mal y de todo lo que oprime al ser humano. Es una tarea que continúa en la historia, que llegará a su culminación en un futuro que él solo conoce.
Esta es la esperanza que nos impulsa hace un nuevo cielo y una nueva tierra. Dios está de parte de los pequeños, de los que sufren, de los rechazados, en camino hacia un nuevo mundo y un nuevo cielo, proyecto al cual contribuimos siguiendo su plan de liberación, siguiendo sus caminos.
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Escrito por Félix